noviembre 30, 2025
octubre 10, 2025
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El silencio de Ducati y la desconexión de Bagnaia

En el paddock se dice que el ruido a veces es una forma de esconder el silencio. Y pocas veces ese dicho encaja tanto como ahora, en el caso de Ducati y Pecco Bagnaia.
Hace una semana, la historia parecía cerrada: el bicampeón del mundo había recuperado su mejor versión en Motegi y parecía haber encontrado, por fin, la paz que llevaba meses persiguiendo. Pero el espejismo duró apenas unos días. En Mandalika, Bagnaia se derrumbó sin explicación aparente: último en la sprint, caída extraña en carrera, y un discurso fuera de pista tan desordenado y caótico como el propio fin de semana dentro de esta.

Y en medio de todo eso, Ducati ha elegido el camino más peligroso: el del silencio.

Un piloto que ya no se explica

Las declaraciones de Bagnaia tras la sprint en Indonesia fueron tan desconcertantes como su rendimiento. “Ya no tengo que demostrar nada a nadie”, dijo, visiblemente frustrado. Una frase que, por sí sola, podría sonar a autodefensa. Pero en el contexto actual, suena más a desconexión.
Porque en el deporte, el pasado no protege del presente. Y menos aún en un equipo oficial de MotoGP.

Bagnaia puede tener dos títulos, pero eso no lo libra de la obligación de rendir. No se trata de un juicio moral, sino de la realidad competitiva de la élite. En la pista no existen créditos acumulados: la confianza se gana cada domingo, y la autoridad se mantiene con resultados, no con recuerdos.

Resulta difícil aceptar que el mismo piloto que en Motegi dominó todo el fin de semana —pole, sprint y carrera— apareciese en Indonesia 13 segundos por detrás del penúltimo en una prueba de apenas 13 vueltas, y que luego, en la carrera larga, se cayese yendo último, lejos del grupo, por detrás incluso de Somkiat Chantra.

Una caída lenta, sin aparente pérdida de agarre, que alimentó todas las teorías posibles: desde la confusión técnica hasta las sospechas de una especie de “rendición controlada”.

Foto: Ducati Corse

La frase que dice más que palabras

“Digo lo que me dicen que diga.”
Pecco la pronunció cuando se le preguntó por la moto que usó en el test de Misano, la famosa GP24 “prestada” de Morbidelli. Es una frase torpe, pero también reveladora. En una estructura como Ducati, donde la comunicación está milimétricamente medida, esa respuesta suena casi como una fuga.

La confesión de Uccio Salucci —confirmando lo que algunos ya sabíamos desde antes del test de Misano— dejó en evidencia una situación interna que la fábrica de Borgo Panigale intentaba mantener bajo control. Bagnaia rodó con una GP24 completa, equipada con su motor homologado de 2025. Legal, sí, pero políticamente explosivo.
La propia Ducati lo sabe, y por eso nunca lo reconocerá abiertamente: admitirlo sería aceptar que, en algún punto del desarrollo, quizás empeoraron la moto.

El enigma técnico y el vacío de comunicación

Lo que hace tan difícil de digerir el caso Bagnaia no es solo la falta de rendimiento, sino la ausencia de explicaciones.
¿Cómo se pasa, en siete días, de dominar con solvencia a no poder rodar entre los quince primeros?
Ni Ducati ni el piloto han ofrecido una respuesta convincente. Y cuando el silencio se prolonga, el vacío lo llenan las interpretaciones.

Ahora muchos se ponen a hablar de que todo puede estar en ese device del 2025 que le ha estado dando problemas a Pecco y que volver a la versión 2024 le podría solucionar estos, pero la realidad es que este device 2024 fue con el que comenzó la temporada, a diferencia de su compañero Marc y el piloto del VR46 Fabio Di Giannantonio.

También me sorprende ver cómo se habla de las horquillas, algo más que explicado en estos últimos años, Öhlins introdujo una actualización en el 2023, esta la incluyeron todos excepto Bagnaia que se mantuvo con su configuración corta, también durante el 2024, a comienzos de temporada Pecco comenzó esta con la misma que tenía en el 2024, en Aragón utilizó las horquillas en la configuración larga, como sus compañeros de Ducati, para ahora volver a llevar la misma que con la que empezó, cambio de vuelta realizado no en Motegi, sino en Montmeló.

Ducati se ha movilizado en torno a Bagnaia, y eso les honra. Pero proteger a un piloto no significa ocultar la verdad.
En un campeonato donde la telemetría y los datos registran cada milímetro de comportamiento mecánico, resulta difícil creer que nadie tenga una explicación técnica. Por eso, el silencio empieza a sonar más a estrategia que a desconocimiento.

Y eso, paradójicamente, es lo que más desgasta la relación.

Un campeón desconectado de su entorno

Bagnaia no es cualquiera. Lleva siete años en Ducati, ha ganado dos títulos de MotoGP y se ha convertido en uno de los pilotos más rápidos y consistentes del mundo. Pero también ha demostrado que, cuando las cosas se tuercen, su discurso se fragmenta.
Tiende a señalar hacia fuera, a los neumáticos, a la moto, al equipo. Lo contrario de lo que hacían los grandes líderes, los que sabían absorber la presión incluso cuando no entendían del todo qué estaba pasando.

El contraste con Marc Márquez en ese mismo box es inevitable. Ambos han coincidido en que las sensaciones con la GP25 eran similares, y sin embargo los resultados no lo son.
Si, como dijo Pecco, sus comentarios y los de Marc iban “en la misma dirección”, cuesta entender por qué uno ha sido capaz de adaptarse y el otro no.

Foto: Ducati Corse

Ducati y su propio laberinto

La gestión de la comunicación también ha jugado en contra de Ducati. Lo que empezó como un rumor —que Bagnaia había probado la moto de Morbidelli— se confirmó por la vía más inesperada: una declaración de Uccio que pilló a todos por sorpresa.
Desde entonces, los de Borgo Panigale se ha limitado a aplicar la política del silencio, esperando que el tiempo apague el debate. Pero el efecto ha sido el contrario.

Cada vez que Ducati se calla, los aficionados y los analistas llenan el vacío con suposiciones. Y en una era en la que la narrativa pesa casi tanto como la técnica, ese silencio se convierte en un problema.

Lo que Ducati debería aprender

El caso Bagnaia deja una lección incómoda para Ducati. Proteger a tu piloto es una obligación, pero blindarlo en exceso puede volverse en tu contra.
El hermetismo no solo genera desconfianza fuera, también la alimenta dentro.
Y cuando la distancia emocional entre piloto y equipo empieza a crecer, lo siguiente que se rompe no son los tiempos en pista, sino la confianza.

Bagnaia, por su parte, debe recordar que los campeones no solo se miden por lo que ganan, sino por cómo responden cuando todo deja de funcionar.
La frustración es comprensible; la desconexión, no.

¿Conflicto técnico?

Honestamente creo que este relato es más que un conflicto técnico, es una relación en clara crisis. Ducati intenta proteger su imagen, Pecco Bagnaia intenta proteger su orgullo. Y entre ambos, lo único que que queda claro es el silencio.

Un silencio que, en el fondo, dice más que cualquier comunicado.

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