Hay debates que nacen sanos y otros que se deforman desde el primer momento. El del motor de la GP26 pertenece claramente al segundo grupo. Y no porque sea un tema menor todo lo contrario, sino porque se ha construido más desde la suposición que desde el dato, más desde la autoridad percibida de quien opina que desde la información contrastada. Y eso, en un campeonato donde cada detalle se analiza con lupa, acaba generando una bola que rueda sola y que cuesta mucho frenar.
Me produce una mezcla de cansancio y frustración ver cómo, simplemente porque nombres conocidos deslizan la idea de que Ducati estaría usando el motor de la GP24 o que es una GP24 camfulada de GP26, automáticamente una parte del entorno lo da por hecho como una verdad absoluta. No como una hipótesis, no como una lectura personal, sino como un hecho consumado. Y todo ello, además, apoyado en un argumento extremadamente débil: Pecco ha ido bien en Sepang, luego el motor tiene que ser el de 2024. Así, sin más.
Ese razonamiento es bastante pobre. Porque Sepang, precisamente Sepang, es uno de los peores ejemplos para sostener esa teoría. Basta recordar que en 2025, con el motor que ahora algunos quieren descartar o rebautizar interesadamente, Pecco Bagnaia hizo la pole, ganó la sprint y el domingo estaba peleando por todo hasta que sufrió un pinchazo. Todo eso con el llamado “motor 2025”. Así que utilizar Sepang como prueba irrefutable de que ahora Ducati ha vuelto al motor 2024 no es prudente, ni serio, ni coherente con los antecedentes.

Aquí conviene aclarar algo fundamental que parece que a muchos se les escapa, voluntaria o involuntariamente: el motor 2025 nunca fue un motor radicalmente nuevo. El motor “2025” es, en esencia, el motor 2024 con pequeñas modificaciones enfocadas casi exclusivamente a la fiabilidad. No hubo un cambio de carácter, no hubo una filosofía distinta de entrega de potencia, no hubo un giro conceptual. De hecho, el verdadero motor alternativo, el que sí suponía una diferencia más clara, fue probado y descartado en los test de Sepang del año pasado. Ese sí no convenció. Ese sí no siguió adelante. Y precisamente por eso Ducati decidió continuar con la base conocida.
Esto no es una interpretación, es un hecho respaldado por múltiples declaraciones y por la propia cronología del desarrollo. Ya en los test de Misano del año pasado hubo una escena muy reveladora que muchos parecen haber olvidado convenientemente. En un vídeo que circuló ampliamente, se podía ver a Bagnaia hablando con Marc Márquez y diciéndole, de forma clara, que los motores eran iguales, que no encontraba diferencias en cuanto al carácter. No era una rueda de prensa, no era un discurso preparado, era una conversación técnica entre dos pilotos comparando sensaciones. Y ese tipo de comentarios, en ese contexto, suelen ser mucho más sinceros que cualquier titular posterior.
«Il motore è uguale. Il motore sembra uguale» (“El motor es el mismo, el motor parece el mismo”).
Conversación entre Pecco Bagnaia y Marc Márquez en el test de Misano.
Después de Misano llegó Motegi. Y allí, con ese mismo motor el suyo, el 2025, no una GP24 completa, Pecco se sacó 37 puntos de golpe. Pole, sprint y carrera larga. Resultados, no opiniones, con el motor 2025.
Más adelante, volvemos otra vez a Sepang. El mismo circuito que ahora se usa como argumento central para decir “esto no puede ser el motor 2025”. El mismo Sepang donde, insisto, ya demostró que podía ir extremadamente rápido con ese propulsor. Por eso, incluso dentro de Ducati, el mensaje es de prudencia. Nadie en Borgo Panigale está sacando conclusiones definitivas basándose solo en estos test. Se espera ver a Pecco en otros trazados, con otras condiciones, antes de evaluar nada de forma categórica.
Y aquí entran las palabras de los protagonistas, que parecen importar menos que ciertas columnas de opinión. Bagnaia fue clarísimo al micrófono de DAZN, hablando con Izaskun Ruiz: “El motor no cambia, pero algunas partes se podían cambiar”. No dijo “hemos vuelto al motor 2024”. Dijo exactamente lo contrario: el motor es el mismo que en 2025, con cambios permitidos dentro del reglamento. Más claro, imposible.
Marc Márquez ha dicho exactamente lo mismo, tanto en Sepang como en una entrevista posterior en el canal de Cosimo Curatola. Misma línea, mismo mensaje: el motor es el del año pasado, y eso le da tranquilidad porque es una base conocida. No hay dobles lecturas, no hay ambigüedad. Simplemente no encaja con el relato que algunos quieren construir.
Pero si todavía alguien necesita más, ahí están las palabras de Davide Barana, director técnico de Ducati, que explican el contexto reglamentario de forma cristalina. «Dado que el año próximo tendremos un reglamento completamente nuevo para los motores, esto impone un rediseño completo del motor para el año que viene. Como es un esfuerzo muy grande, nosotros los constructores todos decidimos junto con la federación bloquear el desarrollo de los motores actuales, que serán los mismos del año pasado, para tener recursos para poder desarrollar los motores nuevos. Por lo tanto el motor de este año es efectivamente idéntico al motor del año pasado, sin embargo hay algunos componentes que no están sellados, pero que pueden influir en el rendimiento del motor» No es una opinión, es una decisión estratégica.
También conviene recordar algo que parece haberse borrado interesadamente del relato: el salto real entre la GP24 y la GP25 fue mínimo. En Borgo Panigale consideraron, con bastante lógica por cierto, que la ventaja acumulada en 2024 era tan amplia que no necesitaban una revolución técnica para seguir controlando a sus rivales. Ducati ganó con margen, dominó a placer y gestionó ese dominio con cabeza, priorizando fiabilidad y estabilidad antes que introducir cambios agresivos que no eran estrictamente necesarios. Ese enfoque conservador explica por qué muchos pilotos no percibieron un “antes y un después” claro entre ambas versiones. No porque la moto fuera peor, sino porque no hacía falta exprimir más.
Lo interesante es que ese planteamiento sí cambia a finales de 2025, cuando desde la propia Ducati se empieza a deslizar que van a apretar un poco más para aumentar de nuevo el margen competitivo. Y ahí es donde entra la GP26, que representa un paso más ambicioso en el conjunto global de la moto, no solo en el motor. Aerodinámica, electrónica, equilibrio general… hay muchas más piezas en juego. Por eso resulta especialmente llamativo y francamente ridículo escuchar argumentos que reducen todo a la idea de que esto es “una GP24 camuflada de GP26”. No solo es técnicamente simplista, es desconocer cómo trabaja una fábrica que, precisamente, se caracteriza por evolucionar de forma acumulativa y no por dar volantazos sin sentido.
Al final del día, la realidad es mucho más simple y menos conspirativa de lo que algunos quieren vender. El motor 2025 siempre fue el motor 2024 con ajustes de fiabilidad. Este año se mantiene esa base, con alguna modificación más permitida por reglamento como el mismo Davide Barana ha explicado. El carácter es el mismo, como ya dijo el año pasado Uccio Salucci, que tuvo ambas motos en su box y pudo compararlas directamente. No hay salto atrás, no hay truco oculto, no hay un “motor mágico” rescatado del cajón.
El problema de fondo es otro: vivimos una época en la que basta con que una voz reconocida lance una idea para que esa idea se convierta automáticamente en dogma. Aunque no haya pruebas. Aunque contradiga declaraciones directas de pilotos, ingenieros y responsables técnicos. Es una opinión respetable, por supuesto, pero sigue siendo eso: una opinión. No un hecho.
La versión oficial de Ducati es clara y consistente desde el primer día: el motor es el mismo que el del año pasado. Y, a día de hoy, no existe un solo argumento sólido que demuestre lo contrario. En cambio, sí hay múltiples datos, testimonios y antecedentes que respaldan esa versión. Todo lo demás es ruido. Ruido que se amplifica porque encaja con determinadas narrativas, pero que no resiste un análisis mínimamente riguroso.
Y en un campeonato tan técnico como MotoGP, convendría empezar a diferenciar un poco más entre lo que creemos, lo que opinamos y lo que sabemos. Porque cuando todo se mete en el mismo saco, el debate deja de ser interesante y se convierte simplemente en una cámara de eco.
Muy buen artículo, Fran.
Ya sabes lo que dicen del buen periodismo… “si te dicen que llueve, hay que salir y comprobar si llueve”. Lo demás son opiniones, que pueden ser interesadas, o no….