Otro Gran Premio que deja más preguntas que certezas en Ducati. En Sepang, Francesco Bagnaia volvió a mostrar, como en Motegi, que algo había cambiado para bien en su moto. Parecía haber encontrado ese “algo” que por fin la hacía funcionar. De no ser por el pinchazo en la carrera del domingo, su actuación habría sido realmente positiva.
“Probamos diferentes cosas, pero nunca encontramos la solución. A veces ocurre y otras no. Es algo muy difícil de entender. Pero yo soy el piloto y, cuando empiezo a vibrar, simplemente cierro el gas y reduzco la velocidad”, explicó Bagnaia tras el Gran Premio de Malasia.
Una declaración que se suma al rompecabezas de un equipo Ducati 2025 distorsionado por la mezcla de dudas, mala suerte, silencios y, paradójicamente, éxito. Porque los títulos y el talento de Marc Márquez han sido las únicas certezas durante este año.
El peso del relato: Pecco y el efecto Márquez
La historia de esta temporada no puede entenderse sin la llegada de Marc Márquez a Ducati. Desde el anuncio, Bagnaia quedó inevitablemente inmerso en un relato de duelo: el campeón que escribía su historia junto a los de Borgo Panigale frente a la leyenda que buscaba volver a la cima.
Sin embargo, ese “versus” nunca existió en 2025. La temporada no construyó el duelo que todos imaginaban, y en su lugar surgió un contraste más incómodo: mientras Márquez se adaptó con naturalidad, dominó y logró su noveno título, Bagnaia empezó a convivir con la presión y la incertidumbre.
En medio de eso aparecieron los rumores sobre las pocas diferencias entre la GP24, la “GP25”, las evoluciones y los cambios. Nada parece completamente claro y la sorpresa ha sido que Francesco Bagnaia no ha logrado mantener la regularidad de las últimas tres temporadas. La pregunta es inevitable: ¿qué cambió realmente?
La presión que no todos sienten
Desafortunadamente para Pecco, gran parte de la exigencia mediática y técnica ha recaído sobre él. Su compañero, el campeón anticipado, ha eclipsado cualquier intento de protagonismo y aunque hoy esté fuera de competencia por lesión, su sombra sigue pesando.
Mientras tanto, en el equipo satélite, el VR46, Fabio Di Giannantonio, con la misma moto, mediáticamente ha logrado salir mejor librado. Aunque ocupa el séptimo lugar del campeonato, apenas un punto por detrás de Franco Morbidelli, que corre con una GP24, su rendimiento ha pasado casi desapercibido, pero es un dato revelador.

Después del título de Jorge Martín con Pramac, también en una Ducati, muchos esperaban que ‘Diggia’ brillara con más fuerza. Sin embargo, los resultados más sólidos llegaron desde Gresini y sus GP24, un detalle que alimenta la sensación de que algo no termina de encajar en el proyecto oficial.
Pablo Nieto lo resumió hace unas semanas: “La diferencia que observamos de un día para otro es demasiado grande para los mínimos cambios realizados. Y, en mayor o menor medida, Pecco y Diggia están teniendo los mismos problemas”.
Ducati, bajo la lupa
Esta situación deja a Ducati en una posición incómoda. Durante meses, Ducati se ha beneficiado silenciosamente de esa narrativa. Mientras Márquez acaparaba los titulares con su dominio, y Bagnaia cargaba con las dudas y la presión, la fábrica logró mantenerse a salvo del escrutinio. Los focos no apuntaban al garaje ni a las decisiones técnicas, sino al piloto que parecía no estar a la altura. Pero ahora, sin Márquez en pista, ha sido inevitable la búsqueda de explicaciones.
El propio Bagnaia lo reconoció: “No soy bueno adaptándome a lo que no me gusta. Es mi punto débil y, aunque estoy trabajando en ello, me cuesta mejorarlo”. Una frase que revela tanto como oculta, y que abre el debate sobre los pilotos que necesitan motos perfectas para rendir frente a los que pueden triunfar con algo menos, disimulando las falencias de rendimiento.
El futuro de Ducati y el desafío del 2026
Ha sido una temporada hostil para Bagnaia. Ya no es el protagonista de Ducati y la presión mediática ha sido tan constante como los problemas técnicos. Sin embargo, más allá del presente del piloto, la gran pregunta recae sobre la fábrica, y más cuando sus rivales parecen cerrar la brecha, ¿puede Ducati sentirse realmente tranquila de cara al 2026?
¿Podrán los pilotos que hereden la GP25 el próximo año demostrar que el problema tenía solución?
¿O, muy a pesar de los de Borgo Panigale, estaremos frente a una próxima temporada mucho más ajustada?

Lo de Bagnaia no es solo un bajón de rendimiento, sino una consecuencia de cómo el relato del éxito puede desviar la atención. Ducati no lo planeó, pero ha terminado resguardada tras su campeón: mientras él se ha enfrentado a las dudas, el equipo ha conservado su imagen de dominio. Sin embargo, detrás de los títulos también hay preguntas sin resolver. Y el tiempo, tarde o temprano, las pondrá de nuevo sobre la mesa.