El viernes en Montmeló no tuvo el guion habitual. No fue Marc Márquez quien encabezó la hoja de tiempos, sino un doblete de KTM que pilló a muchos con el pie cambiado. Brad Binder firmó un 1:38.141 que no solo le dio el liderato de la práctica, sino que además destrozó el récord de pista. A apenas una décima, Pedro Acosta volvió a mostrar que su progresión no entiende de edad ni de presión, consolidando un arranque de fin de semana en el que parece sentirse como en casa.
Álex Márquez, tercero, fue el primero en colarse en el grupo de las Ducati, dejando a Marc en la cuarta posición. El de Cervera no cambió neumáticos en su último intento, lo que refuerza la idea de que aún tiene margen guardado para los momentos decisivos. Pese a ello, su presencia fuera del podio de tiempos sigue siendo noticia en un campeonato que lo ha visto dominar con mano de hierro durante meses.
La alegría se desbordó en el box naranja. Montmeló, históricamente un terreno incómodo para la RC16 por la falta de agarre, se convirtió en territorio KTM con tres motos en el top seis gracias también al sexto puesto de Enea Bastianini, pese a acabar la sesión en la grava y con la moto estrellada contra las protecciones. El resultado fue celebrado como si se tratara de un podio.
El contraste lo puso Francesco Bagnaia. En un circuito donde había ganado las dos últimas ediciones, su caída libre resultó estrepitosa: penúltimo en la mañana y solo 21º por la tarde, a más de un segundo del mejor tiempo. El campeón que hace un año imponía respeto en cada vuelta parece irreconocible, atrapado en un laberinto técnico y mental del que todavía no encuentra salida.
El viernes en Catalunya dejó, por tanto, una fotografía inesperada. KTM reclamó protagonismo, Marc Márquez dejó la sensación de tener algo guardado y Bagnaia se hundió más aún en un año que lo está poniendo a prueba como nunca antes.