Nicolò Bulega debutó hoy en Portimão en el que probablemente sea el fin de semana más exigente de su vida deportiva. No solo por la velocidad brutal del circuito del Algarve, sino por el contexto: una primera jornada con asfalto húmedo, viento, y el ritmo de los mejores del mundo tirando sin compasión. En esas condiciones, quedarse a un segundo del más rápido no es un dato sin más, es una declaración de intenciones.
Es importante no olvidarse que el italiano acaba de bajarse de una Superbike y que en Jerez sólo pudo rodar unas 30 vueltas con esta moto, una moto diferente en geometría, en reparto de peso, en el propio idioma que hablan los neumáticos con lo que él suele llevar. Y sin embargo, en su primer día de verdad, en esa práctica donde ya se marca quién va a Q2 y los pilotos ponen todo para meterse en el top10 Bulega ha sido capaz de poder terminar esta sesión con la cabeza alta.
Bulega no ha ganado nada, pero ha ganado todo lo que se puede ganar en un primer día: el respeto de quienes saben leer entre las décimas.
Dormirá tranquilo esta noche, y con razón. Porque lo más difícil ya lo ha hecho: demostrar que puede pertenecer a este lugar. El ganar más velocidad, la consistencia y demás viene con la práctica y los días, pero la primera sensación es sin dudas buena.
No hace falta exagerar, no es tampoco una actuación milagrosa, pero sí es una actuación convincente, a la altura de un piloto con las capacidades de adaptación que a veces hacen falta en esta categoría y que no todos logran alcanzar, Bulega está dentro del juego y el 2027 está ahí cerca, lo sabe.
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