La idea original era revelar la moto en Japón, en el Gran Premio de casa. Pero la decisión se adelantó: Misano, una de las cunas del motociclismo, se convirtió en el escenario del cambio más radical en la historia reciente de Yamaha.
Las imágenes hablan por sí solas. La nueva M1 V4 no es una mera evolución, es una ruptura. El diseño del chasis y el carenado acompañan a la nueva configuración, que promete ofrecer las cualidades que durante años se le reclamaban a la moto de Iwata: más potencia, mayor aceleración y un carácter competitivo en recta.
El primer piloto en ponerla en acción será Augusto Fernández, que tendrá el honor —y también la responsabilidad— de debutar el prototipo en un fin de semana de Gran Premio. Será mañana, en la FP1, cuando la M1 V4 ruja por primera vez en pista frente a los rivales directos.

El paso al V4 no es solo un movimiento técnico, sino también estratégico. Yamaha ha visto cómo en los últimos años sus aspiraciones se diluían ante la superioridad de Ducati y el empuje de KTM y Aprilia. La insistencia en mantener el motor en línea acabó por convertirse en una trampa, un símbolo de tradición que dejó de ser competitivo en un campeonato dominado por la innovación.
Hoy, en Misano, comienza otra historia. La incógnita ya no es si Yamaha se atreverá a cambiar, sino cuánto tiempo necesitará para transformar esa audacia en resultados.